¿Buscas que las partes sean asertivas?

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Hoy toca un post diferente, de reflexión muy personal, donde cada uno lo aplicara como buenamente pueda. Una herramienta más a nuestra caja.

Como habilidad, estrategia y estilo de comunicación, la asertividad se sitúa en un punto intermedio entre otras dos conductas polares: la agresividad y la pasividad (o no asertividad). Suele definirse como un comportamiento en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos.

Cabe mencionar que la asertividad es una conducta de las personas, un comportamiento. Es también una forma de expresión consciente, congruente, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.

La palabra asertivo, de aserto, proviene del latín assertus y quiere decir “afirmación de la certeza de una cosa”; de ahí puede deducirse que una persona asertiva es aquella que afirma con certeza. La asertividad es un modelo de relación interpersonal que consiste en conocer los propios derechos y defenderlos, respetando a los demás; tiene como premisa fundamental que toda persona posee derechos básicos o derechos asertivos.

Andrew Salter definió la asertividad como un rasgo de personalidad y pensó que algunas personas la poseían y otras no, exactamente igual que ocurre con la tacañería y la extroversión. La definieron como “la expresión de los derechos y sentimientos personales”, y hallaron que casi todo el mundo podía ser asertivo en algunas situaciones y absolutamente ineficaz en otras.

Por lo tanto la conducta asertiva se puede entrenar y de esta manera aumentar el número de situaciones en las que vamos a tener una respuesta asertiva y disminuir al máximo las respuestas que nos provoquen decaimiento u hostilidad.

Consigue sus objetivos sin dañar a los demás. Se respetan a ellos mismos pero también a los que los rodean. Actúan y dicen lo que piensan, en el momento y lugar adecuados, con franqueza y sinceridad. Tienen autenticidad en los actos que realizan, están seguros de sus creencias y tienen la capacidad de decidir.

Hay tres estilos básicos en la conducta interpersonal:

Estilo pasivo: Son personas que no defienden sus intereses, no expresan sus sentimientos verdaderos, creen que los demás tienen más derechos que ellos mismo, no expresan desacuerdos.

Este estilo tiene como ventaja que no suele recibir rechazo directo por parte de los demás. Pero tiene la desventaja de que los demás se van a aprovechar. Las personas que se comportan de manera pasiva presentan sentimientos de indefensión, resentimiento e irritación.

Estilo agresivo: No tienen en cuenta los sentimientos de los demás. Acusan, pelean, amenazan, agreden, insultan. Presentan la ventaja de que nadie les pisa y la desventaja de que nadie les quiere a su lado.

Estilo asertivo: Consiguen sus objetivos sin dañar a los demás. Se respetan a ellos mismos pero también a los que les rodean. Actúan y dicen lo que piensan, en el momento y lugar adecuados, con franqueza y sinceridad. Tienen autenticidad en los actos que realizan, están seguros de sus creencias y tienen la capacidad de decidir.

En las sesiones de mediación intentamos que las partes sean asertivas, buscamos con preguntas que esta conducta se de en las partes. Que se muestren como son, que afirmen con certeza. Que exista equilibrio entre las partes. Que se expresen con sentimiento, con realidad y la asuman, que manifiesten sus necesidades e intereses, porque las posiciones son muy fáciles de sacar en una mediación, no tanto los intereses reales o las necesidades verdaderas.

Debemos ser conscientes de que cada uno de las personas implicadas tendrá “su versión oficial de los hechos”, que ha sido construida a través de su subjetividad, sus valores y sus percepciones. Otro elemento crucial a la hora de mediar en un conflicto es determinar el momento en el que se debe intervenir. Para ello, debe estar siempre alerta y prestar atención a pequeños detalles que puedan ver alterado el clima. Si, dejamos que el conflicto, vaya en aumento y no intervenimos, al tratar de mediar veremos como las partes se van a mostrar mucho más irracionales y probablemente, no obtengamos un buen resultado

¿Buscamos que sean asertivos? O nos centramos en otras habilidades: escucha activa, proactividad, empatía, comunicación eficaz… ¿Cuál crees que es más efectiva normalmente en un proceso de mediación familiar?.

Gracias por vuestro tiempo

José Antonio Veiga

 

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