Educar en positivo.

educar en positivo

Hoy me gustaría escribir un post desde mi vocación, la educación.

Qué es más importante, ¿qué le dices a tu hijo o la manera en que lo haces?

Nuestros gestos y palabras pueden cambiarlo todo. Palabras de aliento, de confianza, dichas con firmeza pueden servirles de lanzadera para que triunfen en aquello que les gusta. Debemos afianzar su autoestima y que se sientan felices.

Nuestro día a día nos absorbe y nos olvidamos de practicar determinadas rutinas que cuenta más de lo que creemos en la educación y en el desarrollo personal de nuestros hijos. Dar los buenos días, despedirse con una frase positiva o expresar muestras de cariño. Todo ello contribuye a su bienestar y felicidad. ¡A quién no les gusta leer o escuchar una palabra bonita ?

No importa si son niños o adolescentes, su efecto positivo será el mismo si cuidamos el lenguaje.

Cuando entramos en conflicto con nuestros hijos, ya sea porque no obedecen o porque necesitamos marcarles unos límites, la palabra es el medio que tenemos para solucionarlo. Elevar nuestro tono de voz, gesticular, gritar o utilizar un lenguaje negativo no ayudará a resolver el problema.

No os digo nada si encima les etiquetamos: “eres un desastre”, “no vales para nada”, ” eres muy torpe”… Quiero que penséis ahora lo que cuesta quitar una etiqueta de un bote de tomate, siempre quedan restos de la misma.. pues ahora pensad en que esa etiqueta en nuestros hijos va a dejar huella siempre.

En su lugar, debemos intentar hablar con un lenguaje relajado y pausado, es necesario saber controlarnos, y sobre todo estableciendo un contacto visual. Busquemos momentos favorables para la charla.

Si queremos saber si estamos transmitiendo una actitud positiva a nuestros hijos, pregúntate: ¿Con qué palabras construyo más conversaciones? ¿Sonrío cuando saludo a las personas? ¿Les miro a los ojos? ¿Es coherente mi postura con lo que expresan mis palabras? Intentemos transmitirles optimismo y respeto, pero siempre con firmeza, conseguiremos muchos mejores resultados.

Siempre habrá excepciones, pero ¿qué perdemos intentándolo?

Gracias por tu tiempo

José A. Veiga