¿Mediadores competentes o Mediadores competitivos?

No olvides es diferencia no controversia.

Hay pequeños matices que suponen grandes diferencias, pequeñas variaciones que transforman la armonía en disonancia, la virtud en vicio.

No es lo mismo competencia que competitividad, aunque compartan raíz etimológica…  Y resulta desesperanzador que en nuestra sociedad –y en la mediación – se preste más atención a la segunda que a la primera.

La competencia es una virtud que supone ir al encuentro de aquello a lo que se aspira con la preparación necesaria para conseguirlo.  Competencia supone capacidad, aptitud, actitud, preparación, respeto…  Y pone en relación al mediador con su propio ser y con el objeto de su deseo, la mediación.

Ser competente es una lucha personal, depende de ti, de tus capacidades, de tu esfuerzo y de la meta que pretendas y quieras alcanzar.

Implica cultivarse a uno mismo, desarrollarse, prepararse para saber, cada día mejor, lo que uno se lleva entre manos sin menospreciar al otro…  El que quiere ser competente en una materia, se siente llamado hacia la perfección, hacia la mejora diaria, nunca verá en los otros competencia ya que eso implicaría que les da miedo salir mal parados en la comparación.

En este mundo de la MEDIACION hay sitio para todos, no lo dudéis, incluso para los que vienen con el EGO puesto. Debemos verlo como una actividad profesional que facilita la vida a nuestros “potenciales clientes”.

Sin embargo, la competitividad poco tiene que ver con lo anterior: quien es competitivo no tiene la vista puesta en su propia capacidad para alcanzar una meta, sino en su posición relativa respecto a la del otro –al que considera un competidor- para lograrla.

La competitividad no es un modo de relacionarse con la meta sino con los demás, un modo conflictivo de relación en el que no existe colaboración sino lucha encarnizada.  Cuando uno cede ante la competitividad, ya no se preocupa tanto por su desarrollo personal como por su superioridad respecto a sus competidores…  Por lo que su esfuerzo y preparación dependerá más de cuán competentes sean sus oponentes  que de lo que sea realmente necesario para hacer las cosas bien.

La competitividad no implica una lucha consigo mismo sino con los demás…  Y su objetivo no es la perfección o el desarrollo de las propias capacidades, sino la victoria.

Merece la pena distinguir entre ambos términos, diferenciarlos…  Porque conducen a dos lugares bien distintos: la competencia es una virtud que nos lleva al pleno florecimiento de nosotros mismos, mientras que la competitividad es un “vicio” que nos pone en relación con las peores pulsaciones de nosotros mismos, esas que nos aíslan de los demás y convierten nuestra vida en un permanente conflicto, en una lucha.

La decisión es nuestra…  Más nos vale acertar en nuestra elección…  De ello depende nuestra felicidad como mediadores, y la supervivencia de la mediación que exige colaboración y no enfrentamiento.

No convirtamos en verdad la afirmación de Hobbes de que el hombre es un lobo para el hombre…  ¿No sería mejor que el mediador fuera ejemplo para el mediador?

Elige lo que deseas ser: ¿competente o competitivo?

No olvides es diferencia no controversia.