Muchos conflictos no nacen del odio. Nacen de la falta de escucha.

En el imaginario colectivo solemos pensar que los conflictos surgen porque existen emociones intensas: odio, resentimiento, rivalidad o mala fe. Sin embargo, la experiencia de quienes trabajamos diariamente en el ámbito de la mediación y la gestión de conflictos demuestra algo muy diferente: la mayoría de los conflictos no nacen del odio, nacen de la falta de escucha.

El conflicto no destruye las relaciones.

Lo que las destruye es no hablar de él. Existe una idea muy extendida que dice que el conflicto es algo negativo, algo que debemos evitar a toda costa. Muchas personas creen que cuando aparece un conflicto es señal de que la relación está fallando. Pero la experiencia —especialmente para quienes trabajamos en mediación— nos muestra algo muy distinto: