A primera vista, la vida de una geisha japonesa y la práctica profesional de la mediación parecen pertenecer a mundos radicalmente distintos. Sin embargo, si observamos con atención sus principios, métodos y valores, descubrimos sorprendentes paralelismos. Ambos comparten una misma esencia: el arte de la relación, la gestión del silencio, el dominio de la comunicación y la búsqueda del equilibrio en contextos complejos y emocionalmente cargados.