En el imaginario colectivo solemos pensar que los conflictos surgen porque existen emociones intensas: odio, resentimiento, rivalidad o mala fe. Sin embargo, la experiencia de quienes trabajamos diariamente en el ámbito de la mediación y la gestión de conflictos demuestra algo muy diferente: la mayoría de los conflictos no nacen del odio, nacen de la falta de escucha.