Mediadores silenciosos.

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Vamos a finalizar el año en curso, y todos nos ponemos a resumir ideas, noticias, imágenes, sensaciones,…

En mi personal reflexión de fin se año me gustaría tener muy presentes a los que denomino “mediadores silenciosos”, esos mediadores que están en la base, que nunca aparecen, que trabajan incansablemente por y para la mediación.

Mediadores que no tienen acceso a políticos, a medios de comunicación, que no se dejan ver mucho por las redes sociales y que acuden a aprender a jornadas, congresos, talleres. Que verdaderamente con su lluvia fina son los que nos van abriendo camino en la sociedad, en su entorno, para que la mediación se vaya conociendo.

Mediadores formados tanto o más que los demás, y que su verdadera filosofía de vida es la mediación. Esos que desde su modestos despachos van recibiendo a las partes y las ayudan a llegar a un acuerdo, que sonríen cuando hacen un acuerdo y se sienten mal cuando no han podido ayudar.

Esos que no estarán, de momento, en los nominados a premios de todo tipo, pero que de alguna manera son los que deberían estar recibiéndolos, aunque ellos no quieran, porque lo que desean es seguir pasando desapercibidos.

Y digo mediadores silenciosos y no anónimos, porque tiene nombre y apellidos, porque sabemos de su labor de “currantes” de la mediación. Sin ellos no existiría, porque son los cimientos de ella. Para TODOS ellos mi reconocimiento público y una palabra: GRACIAS.

Un saludo

José A. Veiga