Los conflictos: ¿problema, oportunidad o conciencia de víctima?

Todos los casos que nos llegan a las mediaciones tiene algo en común, tienen un CONFLICTO. Vienen totalmente bloqueados por él y sin ver posibles soluciones, me gustaría reflexionar en este post sobre el concepto y percepción del conflicto, verlo como una oportunidad no como un problema, y avisar que nos encontraremos con gente que tiene conciencia de víctima siempre… Y por favor no digamos que los mediadores no debemos usar la palabra conflicto en nuestras sesiones de mediación, dejemos de dar “mantequilla” a la realidad.

Es preciso que el conflicto sea percibido por las partes. Su existencia o inexistencia es cuestión de percepción, si nadie se percata de él, se acepta generalmente que no hay conflicto.

El conflicto es luz y sombra, peligro y oportunidad, estabilidad y cambio, fortaleza y debilidad, el impulso para avanzar y el obstáculo que se opone. “Todos los conflictos contienen la semilla de la creación y la destrucción”. (Sun Tzu: “El arte de la guerra”, 480-211 a.c.).

El conflicto es un fenómeno que se da entre personas, las que tienen diferentes creencias, motivaciones, valores constituyendo visiones del mundo propias, con distintas miradas de la realidad, ellas actúan en consecuencia con sus percepciones y responden emocionalmente de acuerdo a lo que perciben.

Cuando pensamos en la palabra Conflicto vienen a nuestra mente palabras como oposición, escasez, bloqueo y la suposición de que hay dos o más personas cuyos intereses o metas parecen incompatibles. Entendemos el conflicto en base a la percepción (conciencia), oposición, la escasez y el bloqueo; sería entonces “el proceso por el cual A hace un esfuerzo intencionado para anular los esfuerzos de B mediante alguna clase de bloqueo que hará todo lo posible para que B no consiga alcanzar sus metas o lograr sus intereses y menos cubrir sus necesidades.”

Apreciar hoy el conflicto desde una perspectiva diferente, aún cuando ésta sea apoyada por la evidencia, no es nada fácil, ya que desde nuestra infancia hemos sido influenciados por las familias, la escuela: instituciones que se tradicionalmente se han acercado a una postura tradicional, resaltando valores contrarios al conflicto y recalcando la importancia de llevarse bien con la gente.

“Un conflicto es una divergencia percibida de intereses, o una creencia de que las aspiraciones actuales de las partes no pueden ser alcanzadas simultáneamente”. (Rubin, Pruitt y Hee Kim, 1994).

Tradicionalmente la creencia popular consideraba el conflicto como algo negativo que habría que evitar. Hoy en día, consideramos que el conflicto es un rasgo inevitable de las relaciones sociales y que todo conflicto puede adoptar un curso constructivo o destructivo, por tanto la cuestión no es tanto eliminar el conflicto sino saber gestionarlo de forma que salgamos enriquecidos.

Partimos de que el conflicto tiene muchas funciones y valores positivos.

Por lo general, las personas que están involucradas en un conflicto, ya sea de intereses, valores, relaciones, etc., tienen la tendencia solo a ver el problema. Se piensa que es la otra parte quien tiene que cambiar y se suele adoptar la actitud de víctima.

Una aproximación real al conflicto seria verlo una como oportunidad de cambio o transformación. Aprender a tener un enfoque positivo de la situación, ver lo que nos une en lugar de aquello que nos separa, buscar lo que funciona en lugar de criticar lo que no va bien, aportar soluciones en lugar de solo centrarse en los problemas y las dificultades, es decir, tener una visión constructiva.

La razón por la cual muchas de las teorías sobre la resolución de conflictos no funcionan es porque miran los problemas con una vieja forma de pensar fijándose en aquello que nos separa y nos enfrenta. Desde este punto de vista nuestra mente se queda atrapada en una actitud negativa. Se empiezan a buscar razones por la que sucede el conflicto, y se apunta el dedo hacia fuera, diciendo “tú eres el culpable de lo que esta pasando” “esta es la causa del conflicto” “tienes que cambiar”. Esto provoca el surgimiento de una actitud muy extendida en hoy en día, la conciencia de “victimitis”, ser una víctima de A o de B, de las circunstancias, de mi jefe, de mi cónyuge, etc.

Aquel que ante un conflicto tiene la mentalidad de víctima nunca puede encontrar una solución al conflicto, ya que esa actitud le bloquea e impide
ser creativo y buscar una solución al problema.

Bienvenidos los conflictos, aprovechemos la oportunidad que nos da de cambiar y no vayamos de víctimas, pero sobre todo separemos problema de conflicto.

Muchas gracias.

José Antonio Veiga.

En mediación, ¿has tenido alguna vez un azucarero?

Azucarero

Una de mis primeras mediaciones, hace ya un tiempo, consistía en repartir la herencia de una tía soltera entre dos hermanas únicas herederas legales, me llamaron porque habían oído hablar de la mediación, que las iba a evitar gastarse mucho dinero para repartirse la herencia, y que además eran ellas quien decidían sobre como se debía realizar el reparto…y no veían el resto de su entorno que acudían a un juzgado.
Yo encantado, preparado para empezar el proceso,…. sesión informativa, cuéntame, lluvia de ideas,….

Sentía que lo estaba bordando, de esas veces que te siente flotando de satisfacción, había conseguido identificar posiciones, los intereses y necesidades de las partes, incluso hasta había conseguido que empatizaran una parte con la otra en ciertas desavenencias que tenían de su infancia… De esas mediaciones de libro que todo va sobre ruedas…

Y de repente algo o alguien, puso en la mente de una de las partes, un azucarero antiguo, con ningún valor económico, que había en casa de la tía y que hasta ahora era el gran desconocido, pero que resulta que las dos partes le querían… Resulta que para las dos tenía un valor sentimental increíble, y yo empezaba a ver como mi castillo construido para este proceso de mediación se iba convirtiendo en un castillo de naipes que se empezaba a tambalear, que se iba a caer,… Que el azucarero no iba a endulzar el final de la mediación sino que iba a amargarme esa sensación increíblemente satisfactoria que yo tenía…

Y ocurrió lo que tenía que ocurrir, que el famoso azucarero rompió esa sesión de mediación, hizo que las partes cambiarán sus posiciones, que ya no era todo tan fácil, que donde dije digo ahora digo….y en mi interior empezaba acelerar se la sangre, los músculos de mi cara se iban contrayendo por segundos, se tensaban…

Y yo me planteaba que ¿había hecho mal?, no habré sido tan profesional, no habré gestionado bien sus necesidades o puede ser que algo insignificante para el mediador, pero con mucho valor sentimental para las partes pueda romper una mediación… Por más que revisaba mis acciones, no encontraba fallo,y a lo mejor no cometí ninguno (seguro que si), pero lo que aprendí fue que nunca debes bajar la guardia en un proceso de mediación porque cualquier pequeño detalles (o azucarero,…) puede hacer caer el castillo de la mediación…

No des por terminada una mediación hasta que les hagas la pregunta final, ¿cómo te sientes? ¿Se ven cubiertas tus necesidades con el acuerdo?. Y leas en el ambiente del proceso que se ha producido el milagro: GANAR- GANAR.

Y si en algún momento de tu experiencia has tenido un “azucarero” dale las gracias por tenerte siempre en alerta.

Un saludo

José A. Veiga