En mediación no todo vale.

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Como se suele decir, estos días leemos ríos de tinta sobre la mediación, estamos de moda. Una tendencia que ojalá no sea pasajera, que vaya calando en los ciudadanos y se vaya creando en ellos la necesidad de acudir a mediación cuando lo necesiten.
La mediación no es la solución a todos los conflictos, ni a muchos de ellos, la mediación es una alternativa más, ayuda a recuperar la comunicación entre las partes,crear el ambiente adecuado para que dos o más personas que se encuentran por vías diferentes se puedan cruzar e intenten llegar a un acuerdo beneficioso para todos los intervinientes. Los mediadores hacemos el traje que las partes necesitan, ese traje que ellos van decidiendo como va a quedar y que el sastre mediador va cosiendo y dando forma.
Pero para ello no vale todo. Lo primero que debemos preguntarnos cuando nos llega un caso a mediación es : ¿es mediable o no?. No todos los conflictos son mediables. 
Se ha extendido la aplicación de la mediación civil y mercantil al ámbito del derecho privado, de manera que sus disposiciones serán de aplicación general a todo tipo de conflictos, sean transfronterizos o nacionales. Con todo, su aplicación a las mediaciones en asuntos civiles y mercantiles se condiciona a que no afecten a derechos y obligaciones indisponibles por las partes. También será aplicable cuando al menos una de las partes tenga su domicilio en España y la mediación se realice en territorio español (art 2.1).
Y como no vale todo, no nos metamos en campos donde la Ley no nos lo permite, aunque creamos que estamos capacitados para ello.
No somos los salvadores del mundo del conflictos, somos personas que nos hemos formado en ayudar a las partes a llegar a SU ACUERDO, no nuestra mejor opción para el proceso de mediación.
La mediación no ha llegado para quitar la saturación de los juzgados, ni para forzar acuerdos.
La mediación es el medio de solución de controversias, cualquiera que sea su denominación, en que dos o más partes intentan voluntariamente alcanzar por sí mismas un acuerdo con la intervención de un mediador. Todo lo demás no lo llamemos mediación, existe la negociación, la conciliacion, el arbitraje,… Pero somos mediadores… No especialistas en resolver todo tipo de conflictos, como creo que nos deberíamos haber formado.
Y por ello no vale todo, ni todo es mediable ni todos los formados están capacitados para mediar.
Si he conseguido pararnos un minuto y pensar pues bienvenido sea el post, y si no ha sido así pues gracias por tu tiempo.

Muchas gracias.
José Antonio Veiga

¿Llamarías a los hijos a mediación familiar?

  
Cuando empezamos un proceso de mediación familiar, el tema clave para las dos partes son sus hijos, luchan por su bienestar, por su bien, sacan de su interior acciones que en el día a día ni siquiera se habían dado cuenta que existían, no me he preocupado de ellos hasta ahora pero por favor, en mediación “para mis hijos lo mejor…”
Al separarse se deja de ser pareja pero no de ser padres. Un 85% de las parejas que llegan a mediación familiar tienen hijos.
¿Es bueno para los hijos que los padres les mantengan al margen de la mediación?. Las decisiones que van a tomar sus padres les van alterar su vida rutinaria, van a pasar un periodo de adaptación que pueden asimilar o no… Porque la realidad es que van a tener una nueva situación familiar, fácil o difícil pero nueva.
¿Deberían decirles a los hijos que se van a separar? ¿Es mejor no decirles nada hasta que la mediación haya terminado y tengamos el convenio regulador? ¿Se lo deben decir las partes en una sesión con el mediador ? Todas estas dudas que los partes tienen, se deben tratar en las sesiones de Mediación. Debemos hacerles ver que no deben olvidar la edad de los hijos y el momento evolutivo en el que se encuentran, se les informa de la manera de hacerlo.
La relación que cada parte ha tenido con sus hijos hasta ahora es importante y sobre todo no mentirles, no hacerles ver una realidad que no se va a cumplir. Todos daríamos lo que fuera por nuestros hijos, pero el mediador debe hacer ver a las partes la realidad de cada uno, no por darles más se les va a querer más. Que las partes sean conscientes de sus limitaciones, saber hasta donde pueden dar, y no sólo me refiero a lo económico, que es muy importante, sino en lo afectivo, en las visitas, en los gastos extraordinarios, sus campamentos de verano, su mes de vacaciones, porque si vamos a gestionar un convenio “perfecto” pero luego van a “colocar” a los niños con terceras personas, abuelos, familiares o nuevas parejas, a la larga eso va a resultar que se transforma en un nuevo conflicto. Y el dinero no lo soluciona todo…
Pero permitirme que os de un consejo en el tema de los hijos para trabajar en mediación: es fundamental que los padres se comuniquen, que no jueguen con los hijos como “armas” arrojadizas en el proceso de mediación, no deben volcar sus emociones negativas hacia la otra persona en los hijos. El mediador debe hacerles ver si conocen los intereses, y necesidades de sus hijos. Las de sus hijos, no las que ellos creen que creen sus hijos.
Si la Mediación Familiar pretende salvaguardar a los hijos del impacto emocional que para ellos supone la separación de sus padres, hay que tener en cuenta sus intereses, necesidades y que queden debidamente protegidas económica y emocionalmente.
Y si las partes deciden llevar a los menores al proceso, tengamos claro, “por qué, para qué, qué quieren conseguir, qué desean ratificar”,… Y si tenemos que pedir asesoramiento para la sesión con el menor de un especialista en psicología infantil no pasa nada por hacerlo, lo ideal, un mediador especialista en psicología infantil.

Porque cuando las partes autorizan y dar su consentir para tener sesión privada con sus hijos, y luego les comunicas los resultados de esa sesión si no escuchan lo que quieren oír, pueden poner entredicho tu labor en esa sesión por eso creo que debemos apoyarnos en profesionales externos especialista en menores y nunca reunirnos a solas con menores. No por ello somos peores mediadores, somos profesionales que no tenemos que controlar todo. Para ello sería conveniente que en el documento que firman de aceptación de la mediación añadamos un apéndice donde señalemos que si fuera necesario la ayuda externa solicitaríamos la misma a profesionales e incluso marcar nombres de personas que ellos conozcan o lleguen a su primer acuerdo sobre las mismas.
Seguro que estáis o no de acuerdo con algunas de las líneas que os he trasmitido, lo importante es que los menores salgan reforzados del proceso de mediación que se “supone” que deciden y gestionan personas adultas… Partes y mediador.
José Antonio Veiga