¿Quién se preocupa del mediador?.

Silla del mediador

Hemos elegido una “profesión” donde todos son problemas, conflictos, donde las partes vienen y se desahogan de la manera que desean, pero casi siempre lo que escuchamos no son palabras agradables sino tensión que se corta en el ambiente, insultos, indirectas que solo ellos saben su objetivo, pero tienen claro su destinatario… Y nosotros aplicamos la lógica, las técnicas que tenemos en nuestra caja de herramientas del mediador, intentamos recuperar el canal de comunicación, y todas esas cosas importantes que nos dijeron en los cursos de formación, pero se olvidaron enseñarnos a cuidar nuestra salud mental, cómo acabar una sesión y desconectar, cómo lograr que no nos influya en nuestra vida toda la energía negativa que recibimos en las sesiones.

Llevamos nuestros problemas personales y encima nos adueñamos los que acaban de sacar en el tapete de la mediación, y que nos piden confidencialidad, secreto profesional, pero se olvidan que nuestras cabezas no descansan, que nos montamos nuestra película propia de cada caso, donde vemos que las partes avanzan o se están desviando del camino correcto… De “nuestro camino correcto”… No debemos dirigir, ni guiar, no nos olvidemos de nuestra imparcialidad…

Y salimos de nuestros despachos pensando en que no hemos sido capaces de ayudar a las partes, que no hemos aplicado bien las herramientas, que se nos va la mediación, que lo estamos haciendo mal… Pero deberíamos cambiar el discurso…. Liberemos nuestra mente pensando que debemos salir con la cabeza bien alta, que si han venido a nosotros es porque confían en nuestro gran poder: LA PALABRA. Que hoy no hemos avanzado pero a lo mejor en la próxima sesión damos dos pasos.

Nos piden que nos olvidemos de nuestro origen, de nuestro bagaje personal, de nuestra historia, pero se olvidan que somos personas de carne y hueso, que podemos llorar, sentimos, que tenemos emociones, que podemos y necesitamos discutir en sus vidas, que podemos no aplicar las “herramientas” en nuestra vida tanto personal como profesional, y que podríamos en algún momento necesitar un mediador, o los médicos no pueden ponerse enfermos, o los abogados no pleitean…

Para ello sería necesario iniciativas como algunas de las que ya existen, tardes de la mediación, reunión de mediadores donde nos “desahoguemos”, donde comprobemos que lo que nos pasa es normal, que volveremos aguantar la mirada de la persona que sale cuando me miro al espejo y cuando ese “reflejo” me pregunta cómo me siento pueda responderla: me siento bien porque soy MEDIADOR.

Gracias por SER MEDIADOR.Si no existieran los mediadores habría que inventarlos.