Cuando hablamos de mediación solemos hacerlo desde sus beneficios: el diálogo, los acuerdos, la mejora de las relaciones, la cultura de paz o la capacidad de transformar conflictos en oportunidades. Sin embargo, existe una realidad mucho menos visible de la que apenas se habla: muchos mediadores, después de años de formación, ilusión e inversión personal, terminan abandonando la profesión. No es un tema cómodo. Tampoco suele aparecer en congresos, jornadas o cursos de formación. Pero existe. Y merece una reflexión sincera.