Cómo influye la disposición de las sillas en un acuerdo

Cuando pensamos en una mediación solemos imaginar conversaciones, emociones, técnicas de comunicación o estrategias para alcanzar acuerdos.

Sin embargo, existe un elemento que suele pasar desapercibido y que, desde el primer instante, comienza a influir en el proceso: la disposición de las sillas.

Puede parecer un detalle menor, pero en mediación los pequeños detalles nunca son insignificantes. Todo comunica. El espacio en el que recibimos a las personas también transmite mensajes.

Antes de que se pronuncie la primera palabra, las partes ya están interpretando el entorno, la distancia entre ellas, la posición del mediador e incluso la forma en que están sentadas.

El espacio también habla

La comunicación no comienza cuando alguien abre la boca. Empieza cuando una persona entra en la sala.

Nuestro cerebro realiza en apenas unos segundos una evaluación inconsciente del lugar en el que se encuentra. ¿Es un espacio seguro? ¿Hay igualdad? ¿Existe cercanía? ¿Me sentiré juzgado o escuchado?

La distribución del mobiliario puede favorecer la colaboración… o reforzar la confrontación.

Sentarse frente a frente: cuando la posición alimenta el conflicto

Colocar a dos personas exactamente una frente a la otra puede ser adecuado en determinados contextos, pero también puede intensificar la sensación de enfrentamiento.

La mirada constante, la simetría y la posición frontal pueden reforzar la idea de que existe un ganador y un perdedor.

Es una disposición habitual en un juicio.

No necesariamente en una mediación.

Sentarse en ángulo: una invitación al diálogo

Cuando las sillas forman un ligero ángulo, desaparece parte de la tensión visual.

Las personas pueden mirarse cuando lo desean, pero también apartar la vista sin generar incomodidad.

Esta sencilla modificación reduce la percepción de confrontación y facilita una conversación más relajada.

A veces, cambiar unos pocos grados la posición de una silla cambia también la actitud con la que alguien participa en el proceso.

La disposición triangular: un símbolo de igualdad

Una de las configuraciones más utilizadas en mediación es la triangular.

Cada participante ocupa un lugar equivalente.

Nadie está por encima de nadie.

El mediador no preside la reunión, sino que forma parte de un espacio común desde el que facilita la comunicación.

Este mensaje visual resulta especialmente importante cuando las relaciones están deterioradas o existe una percepción de desequilibrio entre las partes.

Las barreras invisibles

No solo importan las sillas. También las mesas.

Una mesa excesivamente grande, un escritorio que separa a las personas o cualquier elemento físico que actúe como barrera puede transmitir distancia, autoridad o desconfianza.

En muchas ocasiones basta con una mesa pequeña, redonda o incluso prescindir de ella para crear un ambiente mucho más cercano.

La comodidad favorece el diálogo

Las personas llegan a una mediación con emociones intensas.

Si además se sienten incómodas físicamente, la tensión aumenta.

Una buena iluminación, temperatura agradable, sillas cómodas, agua disponible y ausencia de distracciones son factores que favorecen la regulación emocional y predisponen a una escucha más activa.

El entorno nunca sustituye al trabajo del mediador, pero puede facilitarlo enormemente.

El lenguaje silencioso del espacio

Los profesionales de la mediación dedicamos muchas horas a aprender técnicas de escucha, formulación de preguntas o gestión emocional.

Sin embargo, pocas veces reflexionamos sobre el lenguaje silencioso del espacio.

Una sala también comunica imparcialidad.

También transmite respeto. También puede generar confianza.

Y todo ello ocurre antes de que el mediador pronuncie su primera palabra.

Una invitación a observar

La próxima vez que prepares una mediación, dedica unos minutos a observar la sala.

Pregúntate:

  • ¿La disposición transmite igualdad?
  • ¿Existe algún elemento que pueda interpretarse como una barrera?
  • ¿Las personas podrán sentirse cómodas?
  • ¿El espacio invita al diálogo o recuerda a una confrontación?

Quizá descubras que el primer acuerdo empieza mucho antes de hablar.

Empieza cuando el entorno transmite que todas las personas que se sientan en esa sala tienen el mismo valor y la misma oportunidad de ser escuchadas.

Porque en mediación, como en tantas otras facetas de la vida, los pequeños detalles no son pequeños.

Son los que muchas veces hacen posible los grandes acuerdos.

GRACIAS

José A. Veiga

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