¿Sabes poner a las partes en el lugar del otro para resolver un conflicto?

“Los conflictos existen siempre, no tratéis de evitarlos sino de entenderlos”. -Lin Yutang-

Empatía, que no simpatía, es la capacidad psicológica o cognitiva de sentir o percibir lo que otra persona sentiría si estuviera en la misma situación vivida por esa persona.

Como tal, la simpatía es un sentimiento de afinidad que atrae e identifica a las personas. Conlleva a un individuo generar armonía y alianza con otro. Específicamente es cuando alguien cae bien, que se siente estar bien con ella por su forma de ser o sentir.

Por su parte, la empatía, es la comprensión que siente una persona por otra en una determinada situación. No obstante, una persona puede sentir simpatía y empatía a la vez por otra.

Ahora deseo fijarme únicamente en la parte de la empatía donde decimos a las partes que se pongan en el lugar de la otra persona.

¿Cuántas veces nos han dicho que usemos esta técnica que suena hasta bien? Quizá la hemos usado,  pero no necesariamente fue exitosa. ¿Por qué?. 

En mediación insistimos en usar la técnica de “Ponerse en el lugar del otro”, tan difícil de aplicar porque ,si la aplicamos bien, debemos entender porque el otro ha hecho o dicho lo que ha hecho o dicho. No debemos ponernos en los zapatos del otro para decir lo que quiero oír.

Y ese es el gran error. Hacemos poner a uno en la situación de la otra parte, pero dejamos que emita su opinión de lo que desea escuchar, no justifica ni entiende porque ha decidido hacer o decir lo ocurrido. Y no lo hacen porque en muchos casos no interesa entender la reacción de la otra parte, porque entenderla significaría reconocer que llevo mi parte en el conflicto.

Dice la teoría que hay que “hacerles sentir como la otra persona”, es decir, sentir porque la otra parte ha hecho tanto daño o ha dicho esas palabras que tanto mal han hecho. Y si no conseguimos eso, no estamos aplicando buen la famosa técnica.

Y si atendemos a sus creencias, sus temores y sus expectativas, nos permitiría conectarnos con ellos comprendiendo su visión de la realidad y desde ese lugar poder opinar y ayudarse sin prejuicios. Esa, sería una de las funciones más importantes para demostrar un gran grado de madurez emocional y poder avanzar en la resolución del conflicto.

Esta “habilidad” de ver el mundo desde la posición del otro, facilitaría  la comunicación, el consuelo, ayudaría a la resolución de problemas y busca el ganar-ganar en la relación con la otra persona.

Sin embargo, si fuéramos capaces de poner a las partes en los zapatos del otro, no podemos dejarles que se queden en los zapatos del otro, porque esto podría llevarles a desconectarse emocionalmente de ellos mismos y eso podría ser muy perjudicial para todos, mediados y mediador.

Es necesario que vuelvan a sus propios zapatos y desde ese lugar ofrecer ideas o recursos que generen valor a la otra persona respondiendo correctamente y así salgan buenas opciones que tendrán mucho que ver con sus reacciones emocionales.

La reflexión de hoy es a poner mucha atención en nuestras sesiones e identificar en qué ocasiones debemos usar esta técnica, pero usarla bien, sacar rentabilidad a la misma. Porque bien utilizada es de la mejores que hay y de las que más no van ayudar para avanzar en el proceso.

¿Escuchan para responder o para hacer valer su propia opinión?, ¿en qué momento la usamos desde el mundo del otro?, ponerse en sus zapatos es conectar con el otro, no enfrentarse al otro.

Estoy seguro que tendremos muchos éxitos de “zapateros”.

Un saludo

José A. Veiga

15 COSAS QUE NO DEBEMOS HACER COMO MEDIADORES

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Otro post desde la experiencia, resumiendo en 15 los errores que cometemos los mediadores y debemos evitar si deseamos ser verdaderos mediadores. Ya sabemos que al ponernos la palabra mediador nos han etiquetado, ojalá fuéramos especialistas en resolver conflictos, pero nos han puesto la etiqueta de mediadores, no negociadores, ni conciliadores, ni árbitros…

El mediador es el encargado de ayudar a las partes implicadas en el conflicto a buscar alternativas o soluciones al problema, es decir,  gestionar la comunicación entre las partes. Uno de sus principales objetivos es generar un clima cordial.

Donde las partes empiecen a confiar en el mediador y por ello en la mediación.

El mediador, no propone alternativas, sino que debe usar las herramientas existentes para que sean los interesados quienes comiencen a proponer alternativas, deben ser las partes en el conflicto, con ayuda del profesional, quienes planteen y planifiquen como podrían resolver la situación en el futuro, sin anclarse en el pasado.

Así que cuando nos pongamos el traje de mediar, las normas son muy claras, Y estos errores son los más comunes.

  1. Preguntar demasiado: sólo si es imprescindible. Mejor escuchar mucho.
  2. Demasiados “por qué”: Intentar sustituir por “para qué” o en lugar de ¿Por qué dijiste…? decir ¿Qué paso antes de que dijeras …?
  3.  Emitir juicios: No: “uno de vosotros no dice la verdad”. Si: “ambos tenéis versiones diferentes”
  4.  Aconsejar: En lugar de ¿No crees que sería bueno que tu hijo tuviera una buena relación con su padre? ….. ¿Cómo te gustaría que fuera la relación de tu hijo con su padre?
  5. Pensar que conocemos la solución: Son las partes las que mejor la conocen
  6.  ¿Proponer acuerdos en caso de estancamiento?
  7.  No escuchar más allá de las palabras: comentarios, gestos, miradas…
  8.  Amenazar: No: “Si no llegáis a un acuerdo tendréis un coste muy elevado en peritos, contador partidor, abogados, juicios,etc.”.  Si: “Hemos avanzado mucho ¿qué podemos hacer para seguir?”
  9.  Que las partes se amenacen: produce una escalada del conflicto
  10. Repetir como un papagayo lo que las partes dicen. Hay que transmitir lo que parte quiere decir.
  11.  Ser rígido o cuadriculado: la planificación no implica rigidez. El proceso es flexible en todo su desarrollo.
  12.  Discutir con las partes: Mostrar disgusto, disconformidad
  13.  Alentar la reconciliación: No pedir abrazos, ni disculpas o cosas similares.
  14.  Imponer la mediación: Felicitar por su presencia y respetar el deseo de no iniciar o no continuar la mediación.
  15.  Ser protagonista. Dejemos el ego fuera de la sala de mediación.

¿En cuántos te ves reflejado? Lo importante es darse cuenta de que les hemos cometido y no vamos a volver a caer en ellos.

Saludos y gracias

José A. Veiga

 

El miedo:¿debería suspender una mediación ?


La principal emoción en mediación es el miedo. Le tienen en su mente. Los miedos los crean las propias partes porque temen lo que pueda pasar, como será su futuro. Qué les pasara, como será su vida a partir de esa última sesión, la de sus hijos, si se verá muy alterada… Sobre todo cuando empiezan a tocar temas económicos y no salen los números, no cuadra el balance mensual que esperaban…

El miedo hace que respondamos como su estuviéramos en la selva: “huyo o ataco”. Evito el conflicto y antes de que me ataques ya te ataco yo. Ante una “acción” viene una “reacción”.

Como mucho si una de las partes viene en plan amable y esa amabilidad dura hasta que sale la primera vez la famosa frase:”eso es mentira”,  se desencadena una de las dos opciones, normalmente se elige atacar a la otra parte, se defienden matizando o aclarando la supuesta mentira. “Mentiroso yo, si yo contará…”

El miedo viene producido por un peligro presente e inminente, que no debemos confundir con la ansiedad. Es una señal emocional de advertencia de que se aproxima un daño físico o psíquico.

Implica una inseguridad respecto a la capacidad para soportar o manejar la situación amenazante: la intensidad de la respuesta emocional depende de la incertidumbre sobre los resultados y del tema tratado.

Es más complejo en cuanto a las situaciones que lo desencadenan, puede estar asociado a fuentes tangibles o no (el miedo a estar sólo). Los principales desencadenantes del miedo son la percepción de daño o de peligro.

Con el miedo se produce una reducción de la eficacia de los procesos cognitivos u obnubilación, focalizándose la percepción casi con exclusividad en el estímulo temido y se bloquean todos los demás. Reducción de su capacidad para poder cerrar acuerdos.

El procesamiento cognitivo del miedo se inicia ante una situación que sucede con mucha rapidez, de forma muy abrupta e inesperada. Ante esta situación la persona produce una valoración en la que estima tener una baja capacidad de control y de predicción futura de la situación.

La persona valora que tiene muy poca capacidad para afrontar el suceso, ya que se escapa de su control. Estima que no es posible el adaptarse a las consecuencias y sufrimiento que generaría tal acontecimiento.

Se trata de una de las emociones más intensas y desagradables que existen. Generan aprensión, desasosiego y malestar.

Su característica principal es la sensación de tensión nerviosa, de preocupación y recelo por la propia seguridad, habitualmente acompañada por la sensación de pérdida de control. Sensación de una cierta tendencia a la acción evitativa.

Los principales efectos se producen sobre el sistema nervioso en forma de respuestas puntuales, y se concretan en importantes elevaciones de la frecuencia cardiaca, reducciones del volumen sanguíneo y de la temperatura periférica que provocan palidez produciendo la típica reacción de miedo de quedarse helado, elevaciones de la tensión muscular, aumento de la frecuencia respiratoria.

En cualquier caso la respuesta funcional intenta fomentar la protección de la persona. El miedo es la reacción emocional más relevante en los procedimientos de reforzamiento negativo, ya que facilita el aprendizaje de nuevas respuestas que apartan a la persona del peligro.

En la respuesta de miedo, el organismo responde rápidamente ante el mismo, movilizando una gran cantidad de energía que puede ejecutar respuesta de manera mucho más intensa que en condiciones normales.

Y ante todo esto ahora contestad mentalmente: “si detectáis que una de las partes tiene miedo, ¿suspenderias la mediación?. ”

No existe equilibrio entre las partes. Luego deberíamos abrir nuestra caja de herramientas y toca trabajar ese desequilibrio de alguna manera. No podemos dejar que la persona que siente miedo se vaya hundiendo poco a poco y la otra creciéndose segundo a segundo.

No se puede cerrar un acuerdo si una de las partes tiene o siente miedo. Y no olvidemos que llegan a nosotros ya con miedo…

GRACIAS

Saludos

José A. Veiga 

¿De qué escuela eres?

A cualquier curso que voy alguno de sus alumnos me pregunta: ¿Usted de que escuela es? Y yo le respondo: “de ninguna y de todas, quiero tener mi propia escuela”.

Cada mediador formado y que empiece a tener mediaciones reales debe ir forjando su propia escuela, porque la experiencia te va llevando a tomar lo mejor de cada una de ellas e ir modificando a su medida los principios de las escuelas “oficiales”.

No sería bueno que nos encasillarán en una sola escuela, porque eso significaría que en nuestra caja de herramientas solo llevamos las propias de esa tendencia. Todas son buenas y todas tiene cosas positivas y negativas.
Cada caso que nos llega a mediación es diferente, por lo tanto por qué aplicarle siempre los principios de una escuela concreta.

Si ya dentro de los formadores cada uno tenemos nuestra escuela, dependiendo de la región peninsular de donde venimos: Cataluña, Comunidad Valenciana, Zona Norte, Centro,… Y esto lo escribo porque me lo han manifestado los alumnos cuando en los cursos vamos mediadores de diferentes comunidades autonómicas.

Defendamos cada uno nuestra escuela, nuestro principios, hagamos un remix de las escuelas “oficiales” y proclamemos la nuestra propia….

Además no debemos olvidar que nuestras profesiones de origen también nos condicionan a que escuela estamos más afines: Harvard (abogados), Transformadora (psicoterapeutas), Circular narrativo (abogado-comunicologo), Holistica (trabajadores sociales),…..

GRACIAS por estar.

José A. Veiga

¿Nos evaluamos al acabar una sesión de mediación?

Hoy mas que nunca, víspera del Día europea de la mediación, donde todo va a ser bonito, los mediadores deberíamos pararnos a pensar en nuestra evaluación de la labor profesional.

En mediación no todo vale, eso lo tenemos todos claro, o deberíamos tenerlo. No valen las faltas de respeto de una parte a la otra, ni los menosprecios, ni las mentiras, nuestro “trabajo” consiste en gestionar el canal de comunicación que existe entre los mediados. En mantener el equilibrio de las partes para que el proceso de mediación avance por el buen camino.

Pero… El mediador, como personas que somos, ¿tendemos a equilibrar a las partes siempre?, o con todos los datos que nos van aportando nos dejamos “influir” e inconscientemente nos decantamos por una de las partes, la que consideramos más débil o a ella que ha intentado ganarnos con su actitud.

¿Qué resuena en nuestro interior cuando nos evaluamos después de una sesión de mediación, ¿por qué nos evaluamos?. Tenemos un documento de auto evaluación de la sesión de evaluación, donde reflejamos nuestros aciertos y errores.

Nos preguntamos si nuestra actuación ha sido la correcta o no, en donde hemos creído que fallamos, que técnica (de esas de manual) hemos aplicado, como nos sentimos, hemos equilibrado, en algún momento se nos ha escapado algo “prohibido” en mediación y aconsejamos o nos implicamos…La de aspectos que tenemos que pensar, no solo quedarnos con las historia que nos han contado y hacia donde nuestra mente cree que debe ir la siguiente sesión,….

Y cuanto nos cuesta manifestar que nos podemos haber equivocado, si metemos la pata en una sesión , que problema hay en decir a las parte “lo siento”. Porque si es un pequeño detalle de aplicación de una técnica, una frase que suena de una manera o de otra, eso ya estamos para sentirlo y no volver hacerlo. O diciendo “lo siento, …” Somos menos profesionales, o más humanos, que peligro…

Y evidentemente lo apuntamos para preparar la siguiente sesión. Se que todos los mediadores que están leyendo esto lo hacen, se que es una simple reflexión en voz alta pasada a letras y palabras…

Hagamos del Día europeo de la mediación una proclamación de intenciones, a este barco que lleva navegando ya unos años y donde ahora se sube tanta gente, y del cual muchos se acabaran bajando porque no es el viaje que esperaban.
Pero no olvidéis que hay 364 días para difundir y sembrar mediación, no solo el 21.

Feliz día compañeros de viaje.
Gracias por tu tiempo.
José Antonio Veiga