¿Cuándo podemos afirmar que un conflicto ha terminado realmente?

En mediación solemos identificar el final del proceso con un hito visible: la firma de un acuerdo, la retirada de una demanda, el restablecimiento de la comunicación o, simplemente, la decisión de las partes de no continuar.

Pero ¿es ese el verdadero final del conflicto?

Desde una perspectiva profesional, conviene distinguir entre la resolución del conflicto y la transformación de la experiencia del conflicto. La primera puede materializarse en un acuerdo; la segunda tiene lugar cuando el conflicto deja de condicionar la forma en que una persona interpreta la realidad, toma decisiones o responde emocionalmente.

En muchas ocasiones, las personas continúan “negociando” con el conflicto mucho después de haber abandonado la mesa de mediación. Siguen dialogando mentalmente con la otra parte, reviviendo conversaciones, justificando posiciones o alimentando emociones que mantienen el conflicto psicológicamente activo.

Quizá por eso uno de los indicadores menos visibles, pero más relevantes, del cierre de un conflicto sea la indiferencia emocional madura.

No se trata de desinterés, apatía o falta de empatía. Tampoco de olvidar lo ocurrido o restar importancia al daño sufrido.

Hablamos de un estado en el que el conflicto ha perdido la capacidad de secuestrar la atención y gobernar las emociones. El recuerdo permanece, pero deja de generar respuestas automáticas de ira, miedo, culpa o necesidad de compensación.

Desde esta perspectiva, el éxito de una mediación no debería medirse exclusivamente por el número de acuerdos alcanzados, sino también por la capacidad de las personas para recuperar su autonomía emocional frente al conflicto.

Quizá esa sea una de las aportaciones menos visibles —y, sin embargo, más valiosas— de nuestra profesión: ayudar a que el conflicto deje de ocupar el centro de la identidad de quienes lo viven.

Porque cuando una persona deja de definirse por el conflicto, el conflicto ha perdido su mayor fuente de poder.

Y aquí surge una pregunta para quienes ejercemos la mediación:

¿Creéis que una mediación puede considerarse verdaderamente finalizada cuando existe un acuerdo, aunque el conflicto siga emocionalmente vivo? ¿O el auténtico éxito profesional comienza precisamente cuando las personas recuperan su libertad interior, incluso si nunca vuelven a relacionarse?

Me gustaría conocer vuestra experiencia y vuestro criterio profesional.

GRACIAS

José A. Veiga

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