¿Quiero ganar un juicio o resolver el problema?

¿Quiero ganar un juicio o resolver el problema?

Cuando surge un conflicto importante en la vida —una herencia complicada, un divorcio, un problema con un vecino o una reclamación económica— muchas personas reaccionan con una idea inmediata: “tendré que ir a juicio”.
Sin embargo, pocas veces se detienen a plantearse una pregunta más profunda y decisiva:

¿Quiero ganar un juicio o resolver realmente el problema?

Esta cuestión, aparentemente simple, encierra una diferencia esencial que puede cambiar por completo el resultado del conflicto y la calidad de vida de quienes lo atraviesan.

Ganar un juicio no siempre significa ganar en la vida

La sociedad ha asociado tradicionalmente el juicio con la victoria. Ganar un pleito se percibe como obtener la razón, lograr justicia y cerrar un conflicto. Pero la realidad es más compleja.

Un juicio implica:

  • Tiempo (meses o años)
  • Costes económicos elevados
  • Incertidumbre
  • Desgaste emocional
  • Deterioro de relaciones personales o profesionales

Y lo más importante: ganar un juicio no siempre resuelve el problema de fondo.

Se puede ganar una sentencia favorable y, sin embargo:

  • Perder definitivamente la relación con un familiar
  • Generar tensiones permanentes con un vecino
  • Dificultar el funcionamiento de una empresa o comunidad
  • Mantener el malestar emocional

El juicio resuelve jurídicamente el conflicto, pero no siempre lo soluciona en el plano humano.

Resolver el problema: una mirada más amplia

Resolver un problema significa algo más que obtener una sentencia. Supone encontrar una solución que:

  • Sea viable en la práctica
  • Permita convivir después
  • Reduzca la tensión
  • Aporte estabilidad
  • Cierre el conflicto emocional

En muchos casos, esto solo es posible a través del diálogo y la participación directa de las partes. Aquí es donde entran en juego los Medios Adecuados de Solución de Controversias (MASC), especialmente la mediación.

El juicio: necesario en algunos casos

No se trata de demonizar el proceso judicial. El juicio es una herramienta imprescindible en un Estado de Derecho y resulta necesario cuando:

  • Existe violencia o intimidación
  • Una parte actúa de mala fe de forma reiterada
  • Hay gran desequilibrio de poder
  • Se requiere una resolución judicial firme
  • Se han agotado otras vías sin éxito

En estos casos, acudir a los tribunales es no solo legítimo, sino necesario para proteger derechos.

Pero en muchos otros conflictos cotidianos, el juicio se convierte en la primera opción cuando debería ser la última.

Mediación y MASC: resolver sin destruir

Los MASC ofrecen una alternativa centrada en la resolución real del problema. No buscan determinar quién gana o pierde, sino construir soluciones que funcionen.

¿Qué permiten?

  • Hablar y ser escuchado
  • Comprender la posición de la otra parte
  • Explorar soluciones flexibles
  • Reducir costes y tiempo
  • Mantener relaciones cuando es posible
  • Diseñar acuerdos duraderos

La mediación, por ejemplo, no decide por las partes: les ayuda a decidir mejor.

Un cambio de mentalidad necesario

Durante décadas se ha instalado una cultura del enfrentamiento:
si alguien tiene razón, otro debe perderla.
Si uno gana, el otro pierde.

Sin embargo, los conflictos humanos rara vez son tan simples. En muchos de ellos, ambas partes necesitan soluciones que les permitan seguir adelante.

La pregunta clave debería ser:

  • ¿Quiero demostrar que tengo razón?
  • ¿O quiero vivir más tranquilo y cerrar el conflicto?

No siempre coinciden ambas respuestas.

El coste invisible de “ganar”

Quien ha pasado por un proceso judicial largo conoce bien el llamado coste invisible:

  • Ansiedad
  • Enfado prolongado
  • Tiempo invertido
  • Energía emocional
  • Ruptura de vínculos
  • Sensación de incertidumbre

Incluso ganando, muchas personas sienten que han perdido demasiado por el camino.

Resolver el problema antes, mediante vías dialogadas, suele reducir significativamente este coste.

Elegir con inteligencia

Ante un conflicto, la decisión no debería tomarse desde el enfado o la reacción inmediata, sino desde la estrategia y la serenidad.

Preguntarse:

  • ¿Qué necesito realmente?
  • ¿Qué me aportará el juicio dentro de dos años?
  • ¿Quiero una sentencia o una solución?
  • ¿Cómo quiero estar cuando todo esto termine?

Responder con honestidad a estas preguntas permite elegir el camino más adecuado.

La verdadera victoria

La verdadera victoria en un conflicto no siempre es ganar un juicio.
Muchas veces consiste en:

  • Recuperar la tranquilidad
  • Evitar años de enfrentamiento
  • Encontrar una solución justa
  • Poder mirar al futuro sin resentimiento

En definitiva, resolver el problema.

El sistema jurídico y los profesionales del conflicto están avanzando hacia modelos más dialogados y eficaces. La ciudadanía también debe hacerlo, incorporando una nueva forma de entender la justicia: no solo como confrontación, sino como construcción de soluciones.

Conclusión

Ante cualquier conflicto importante, conviene detenerse un momento y formular la pregunta esencial:

¿Quiero ganar un juicio o resolver el problema?

Si la respuesta es resolverlo, existen caminos más rápidos, humanos y eficaces que el enfrentamiento judicial. Caminos basados en el diálogo, la responsabilidad y la búsqueda de acuerdos.

Porque al final, más allá de sentencias y procedimientos, lo que las personas realmente buscan es vivir en paz.

GRACIAS

José A. Veiga

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