
Cuando la tensión surge durante una mediación, es fundamental manejarla de manera efectiva para facilitar un proceso constructivo. Aquí tienes algunas estrategias que puedes considerar:
- Mantén la calma: Como mediador, tu actitud tranquila y neutral es esencial. Respira profundamente y mantén la compostura incluso si las partes se muestran tensas.
- Valida las emociones: Reconoce las emociones de las partes. Puedes decir algo como: “Entiendo que esto es difícil para ambos”. Validar sus sentimientos puede ayudar a reducir la tensión.
- Reenfoca la conversación: Si la discusión se vuelve acalorada, redirige el enfoque hacia el objetivo de la mediación. Pregunta: “¿Cómo podemos resolver este problema juntos?”.
- Establece reglas de comunicación: Establece pautas para la comunicación respetuosa. Por ejemplo, “Hablemos uno a la vez” o “Evitemos interrumpirnos”.
- Ofrece un receso: Si la tensión aumenta, considera tomar un breve receso. Esto permite a las partes calmarse y reflexionar.
- Utiliza técnicas de escucha activa: Escucha atentamente a cada parte. Haz preguntas abiertas y muestra empatía. Esto puede ayudar a disminuir la hostilidad.
- Busca soluciones conjuntas: En lugar de enfocarse en culpar, invita a las partes a colaborar en encontrar soluciones. Pregunta: “¿Qué opciones creen que podrían funcionar?”.
- Explora intereses subyacentes: A menudo, la tensión surge debido a intereses no expresados. Investiga más allá de las posiciones iniciales para comprender las necesidades reales.
- Evita tomar partido: Mantén tu imparcialidad. No tomes partido por ninguna de las partes. Tu objetivo es facilitar la comunicación y la resolución.
- Reafirma el propósito de la mediación: Recordarles a las partes que están aquí para encontrar una solución mutuamente beneficiosa puede ayudar a reducir la tensión.
- Establece un espacio neutral: Si es posible, elige un lugar neutral para la mediación. Esto puede ayudar a reducir la tensión asociada con ubicaciones personales o favoritismos.
- Utiliza la técnica del “Tiempo Fuera”: Si la discusión se vuelve demasiado intensa, sugiere que las partes tomen un breve descanso para enfriar los ánimos.
- Fomenta la escritura: Proporciona papel y bolígrafos para que las partes escriban sus pensamientos antes de hablar. Esto puede ayudar a expresar emociones sin interrupciones.
- Aplica la regla de “No Interrupciones”: Establece que cada persona debe esperar su turno para hablar sin interrumpir. Esto fomenta la escucha activa y reduce la tensión.
- Explora soluciones creativas: Invita a las partes a pensar fuera de lo común. A veces, una solución inesperada puede aliviar la tensión.
- Utiliza metáforas o analogías: A veces, explicar el conflicto en términos metafóricos o compararlo con situaciones cotidianas puede ayudar a desarmar la tensión.
- Incorpora la respiración consciente: Pide a las partes que respiren profundamente juntas. Esto puede calmar los nervios y reducir la tensión.
- Establece objetivos pequeños: Divide el conflicto en partes más manejables. Al lograr pequeños objetivos, las partes pueden sentirse menos abrumadas.
- Utiliza la técnica de “Caminar en los Zapatos del Otro”: Pide a cada parte que imagine cómo se siente la otra persona. Esto fomenta la empatía y reduce la hostilidad.
- Ofrece recursos externos: Si la tensión persiste, sugiere que las partes busquen asesoramiento legal o terapia. A veces, un enfoque externo puede ser beneficioso.
Recuerda que la flexibilidad y la adaptabilidad son clave en la mediación. ¡¡¡Espero que encuentres estas estrategias útiles!!1
GRACIAS
José A. Veiga