El mediador profesional y los disfraces del carnaval.

En carnaval casi todos nos disfrazamos.

El mediador profesional también… aunque el suyo no se ve.

Mientras las calles se llenan de máscaras, colores y personajes, el mediador ejerce una profesión en la que cambiar de “disfraz” emocional y comunicativo forma parte esencial de su trabajo. No para ocultarse, sino para adaptarse.

Porque mediar, en el fondo, es un arte muy parecido al carnaval.

– El disfraz de la neutralidad

El mediador entra en la sala sin banderas, sin etiquetas y sin prejuicios.

Su primer disfraz es el de la neutralidad, una prenda invisible que le permite escuchar sin juzgar y sostener el equilibrio entre las partes.

No se trata de fingir, sino de suspender el ego.

Como en carnaval, deja en casa su identidad personal para asumir un rol al servicio del encuentro.

– El disfraz de la escucha

Hay disfraces que hacen ruido y otros que generan silencio.

El del mediador es este último.

Se reviste de escucha activa: escucha lo que se dice, lo que no se dice, y lo que se dice sin palabras.

En carnaval, las máscaras esconden rostros.

En mediación, la escucha ayuda a descubrirlos.

– El disfraz del traductor emocional

Cada parte habla su propio idioma: el del dolor, el enfado, el miedo o la frustración.

El mediador se disfraza entonces de traductor, transformando reproches en necesidades, acusaciones en peticiones y silencios en mensajes comprensibles.

Su magia no está en hablar más, sino en hacer que las partes se entiendan.

– El disfraz de la flexibilidad

Un buen mediador no usa un solo traje.

A veces es facilitador, otras acompañante, otras espejo o guía.

Como en carnaval, la creatividad es clave.

Se adapta al ritmo de cada conflicto, a la historia de cada persona y a la emoción del momento.

Cuando acaba el carnaval…

Al terminar el carnaval, todos nos quitamos el disfraz y volvemos a la rutina.

El mediador también se lo quita… pero deja algo diferente: acuerdos, comprensión y, muchas veces, alivio.

Porque su verdadero “disfraz” no es una máscara, sino una actitud profesional basada en el respeto, la empatía y la confianza en que las personas, cuando se escuchan, pueden encontrarse.

Este carnaval, mientras eliges tu disfraz, recuerda: hay profesionales que cada día se visten de paciencia, escucha y neutralidad para ayudar a otros a reconciliarse.

Ese es, sin duda, uno de los disfraces más necesarios de nuestra sociedad.

GRACIAS

José A . Veiga

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