Para ser feliz, ¿basta con decidirlo?

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Como un caballo detrás de una zanahoria, todos corremos buscando una felicidad perfecta, casi imposible de alcanzar.. ¿Elegimos ser felices? Quizás haya que empezar ajustando nuestro concepto de felicidad, para darnos cuenta de que no es solo algo que les ocurre a los demás.

Estamos en una época que vivimos como inestable y en crisis. Si nos damos una vuelta por los escaparates o estanterías de las librerías, comprobamos que han proliferado los libros del bienestar, de autoayuda, de enseñarnos con recetas y consejos a ser felices…

Felicidad del tipo hedonista o budista, sinónimo de alegría corporal o de paz espiritual, felicidad austera para los amantes de la frugalidad o amantes de la cualidad de ser austeros, prudentes o contagiosa para los partidarios del pensamiento positivo… ¿qué felicidad quieres?

Aunque es evidente que no existen recetas mágicas ni trucos infalibles, los psicólogos están de acuerdo en que la experiencia de la felicidad depende, en gran parte, de nosotros mismos, de la manera en que gestionamos nuestras emociones y enfocamos la realidad.

La felicidad no es ausencia de dolor. En los libros de autoayuda lo que nos venden es eliminar completamente el sufrimiento de nuestras vidas, por no hablar de los anuncios, en los que parece que la felicidad es estar todo el día riendo… Si buscamos esa felicidad no la vamos a encontrar nunca. Porque, de hecho, el sufrimiento esta siempre presente en nuestra vida, habrá momentos que suframos más o menos pero siempre tenemos algo de sufrimiento. El sufrimiento está dentro de la felicidad.

Creo, y es mi opinión, que la diferencia entre las personas felices y las que no lo son, reside en que estás últimas el sufrimiento invade toda su vida, mientras que las felices lo ponen en una pequeña mochila y siguen mirando hacia delante.

Correr detrás de la idea de una felicidad perfecta y sin fisuras en la que nada malo nos pueda pasar es en sí mismo fuente de insatisfacción. Si dejamos que el sufrimiento se convierta en el centro de nuestra vida, repercutirá en todo lo demás..

Apostar por la felicidad no es luchar por evitar cualquier cosa que nos pueda hacer sufrir, sino, sencillamente, no convertirnos en esclavos de nuestro sufrimiento. Ser capaces de cambiar el foco de atención para no centrarnos en lo que nos duele. Si nos focalizamos en los negativo descuidaremos lo positivo.

La vida es tan compleja que nunca sabremos si lo que nos pasa va a ser para bien o para mal. El apego a las cosas, como si fueran inmutables es una de las grandes fuentes de sufrimiento.

Hay que cambiar la capacidad de dudar, no aferrarnos a nuestras creencias sin más y estar abiertos a nuevas perspectivas.

Aunque resulte paradójico, es en los momentos de dificultad cuando más necesitamos saber reconocer lo que nos proporciona felicidad. Porque ser capaces de no renunciar a  los momentos de alegría es la piedra de toque para superar la adversidad.

¿Has decidido ser feliz? Lucha por ello. No tengas miedo a cambiar.

GRACIAS.

 

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